TERCER PIEZA
SOLO
Y en una confusión, en un remolino que desgarró mi piel y me arrojó al asfalto frio y áspero, me encontré en medio del monstruo de concreto, completamente solo, con la añoranza de tu cuerpo tibio recostado en mis brazos, pernoctando la madrugada entera mientras yo no podía dejar de mirarte, pero me veo reflejado en el vidrio dorado de un local cualquiera en el corazón de la capital, y me veo apartado de todo, sin tu presencia a mi lado.
Un solo de violín clava hondamente la angustia en mi alma, cada acorde va abriendo mi mente y sacando tu imagen a mi presente, haciendo más dolorosa la ausencia.
Te recuerdo María, te recuerdo adornando mis sábanas, te recuerdo ese primer día en una tarde fría, en que con indiferencia ignorabas que yo existía. Te recuerdo luego, traída a mi por el azar y la ironía, tu mirada seria y trato descortés. Recuerdo la primer sonrisa que te logré robar, recuerdo tu primer mirada de miel derramada en mi alma, no olvido el instante exacto en el que me sometiste para siempre, ganando un eterno devoto de tus labios lastimados, tus manos inmaculadas, suaves y pequeñas, adorador de aquellos ojos y cabellos de miel, toda tu cubierta por una fina y casi imperceptible capa de pétalos de rosas.
Te recuerdo ahora que deambulo por las calles sollozante, cabizbajo andante, espectro de reflejos. En las multitudes añoro tu cabello revolotear y lo busco, lo busco y giro a todos lados esperando hallarte, pero luego recuerdo que no estas, que a kilómetros te recuerdo y no queda mas que la memoria para verte, que no queda más que cerrar mis ojos e imaginarte.
Y Bogotá se me clava en el alma y resulta macabra, todo aquello que contigo era bohemio y amado, se volvió gótico y algo antipático. Quisiera correr, quisiera pasar fronteras y atravesar selvas y desiertos, atravesar nadando los lagos y pronto por estar junto a ti, pero luego me veo otra vez andando solo, con el sol hiriente a cuestas y un desquicio de cuerdas que apresuran mi tiempo, pero aún así todavía no hay esperanzas de volverte a ver.
Quiero que regreses y traigas contigo mi sueño, mi descanso, ese que te robaste al instante de conocerme, poniendo fin a las calmadas noches y dándome a cambio, una dolorosa ilusión nocturna de poder estar a tu lado.
Aquí ya no hay goce, solo soy yo recostado en mi lado mas nublado, pasando los días sin saber que habrá pasado. El presente es triste y trato siempre de huir ahí donde siempre estas, sector izquierdo de mi pecho y toda la zona superior de mi cuerpo. En cada letra, en cada suspiro, en cada pensamiento, en cada palpitar, todo yo intenta mantenerte viva en mí y con ansias esperamos que regreses, que regreses triunfante y quieras compartir junto a mí, pero también hay miedo, miedo de que me hayas superado, miedo de ser solo algo de tu pasado, y entonces prefiero quedarme aquí sabiendo que tendrás que regresar, que tenerte en frente y que pases junto a mí sin siquiera mirar a este pobre adorador que por ti todo lo ha dado.
Si me haz de olvidar, quiero que en antes recuerdes que este poeta de tres pesos, de prosa de cantina, por ti sería capaz de hacerse inmolar.
Y mientras tanto, esperando a que se devele lo que el futuro nos tenga deparado, yo sigo aquí esperando que mis lágrimas se sequen, pero que sea por tu mano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario