lunes, 12 de marzo de 2012

RAPSODIA EN CUATRO PIEZAS: II



SEGUNDA PIEZA
JUNTO A TI

Te vi al otro lado del enorme campo de lavanda y corrí a tu encuentro.  El hermoso tono purpura mezclado con el verde del cielo nos conjuraban una paleta de sentimientos que efervecían con nuestra proximidad.  Venías de negro y hermosa es corto, espléndida inaplicable y universal lo más cercano.

Allí junto a la mezcla de psicodelia, a unos cuantos pasos y nuestras sonrisas demarcadas, me tomaste por el rostro y yo de tus caderas y unidos en nuestros labios devoramos con pasión.

El campo nos quedó corto para escapar, corrimos con afán, desesperados por llegar a dónde no sabíamos, por entregarnos a la fuga caprichosa de nuestro amor, teniendo sólo al horizonte como marca para seguir.  Mi bella María era felicidad lo que sentía en mi huida junto a ti, cuando volteaba mi mirada y te veía ahí, tomada de mi mano y alegre por la prisa que llevábamos.  Corrimos y corrimos hasta que las piernas no nos aguantaron y en ese punto nos abrazamos y caímos juntos y abrazados, mirándonos a los ojos mientras lentamente el universo seguía existiendo.  Tocamos el suelo y estallamos en cientos de aves que invadieron el cielo en un cardumen alado, yo sigo tu vuelo muñeca, voy tras tu miel, volamos tan alto y rápido como la física deja, y no hago más que seguirte en el firmamento mientras serena encuentras en la inmensidad el lugar en el que quieres estar, con la luna sobre nosotros y las estrellas coqueteando, pero te mantienes parca ante ellas, solo volteas a percatarte que yo aún permanezca tras de ti y con tu mirada me conminas a seguirte, voy tras de ti muñeca, te sigo en picada, voy tan rápido como puedo y veo que nos acercamos al mar pero sin ti yo no me detengo.

Sumergidos y desnudos, respiro de tu boca y devoro tu humanidad, mientras  aras mi espalda y uno tu cadera a la mía.  El agua al tacto nos multiplica cada sensación y nuestros cuerpos comprendidos en el otro se ven agarrados por un torbellino que intenta someternos, pero contrario a ello, más fuerte nos aferramos y derrapamos unidos y lúbricos.  En ese punto bajo a tu cuello y lo beso agradecido por tener tal obra a mis disposición, mi cuerpo se funde, siento que me derrito sobre ti y jadeante en tu oído te susurro que te amo, tu me escuchas, fuerte me abrazas y me haces jurarte que siempre voy a estar ahí.

Todo se torna oscuro, pero el piso de plata comienza a resplandecer, somos tú y yo bailando en el universo, danzando como maestros del arte, llevando el compás de las violas y los chelos, llevados por las hondas suaves, nos deslizamos en el sonido y solamente nos miramos, y soy feliz estando perdido en tus ojos de miel, y soy feliz tocando tu delgada cintura y sintiendo tu cabello golpear suavemente mi rostro, y soy feliz por que en la inmensidad nos encontramos.

Giramos, tan rápido como podemos y somos un huracán de color, tu eres rojo y yo soy negro y nos acercamos a un vórtice de pasión y justo cuando llegamos, todo estalla y somos una líquido tibio que ebulle en amor y de nuestra mezcla el aroma es miel rosas.  Somos dos tiras de seda que llevadas por el viento, insisten en entrelazarse y volar llevadas por el capricho del soplo del mar.  Volamos sobre las costas y nuestra intensidad es reflejo del oleaje fuerte que choca contra las rocas y somos las gaviotas que insistentes se sumergen a pescar y alzan vuelo para luego regresar, y somos las montañas erosionadas pero que miles de años después, ahí aún están.  Somos todo aquello y no somos nada, somos la tierra, el mar, y a la final solo un par de amantes, de furtivos bohemios que se pierden en sus pieles y se alimentan mutuamente de calor, vemos al cielo y atraídos por la creación, nos alzamos sobre todo y nos dejamos absorber.
Los astros suenan e iluminan, todo aquello conjurado se une en una sola voz para retumbar en cada rincón de la existencia tu nombre, María.

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